“Gran avance”, “Medicamento milagro”, “Cura”; es tiempo de darle sentido a estos títulos.

Pocos tratamientos son dignos de tan dramáticos títulos. De manera que es tiempo de que empecemos a cuestionar dichas afirmaciones y revisar a fondo la investigación detrás de los títulos. (1).

Hay tratamientos que tienen efectos dramáticos…

 

Los tratamientos con efectos dramáticos son aquellos en donde todos (o casi todos) los que se tratan experimentan un beneficio (o daño). Por ejemplo, resultados asombrosos son alcanzados con morfina para aliviar el dolor, insulina para la diabetes, adrenalina para reacciones alérgicas severas y transfusión sanguínea para el choque. En estos casos, los beneficios de los tratamientos son obvios, inmediatos y dramáticos: Hay poca incertidumbre acerca de su efectividad. (2).

Sin embargo, los tratamientos que producen efectos grandes y dramáticos son raros…

 

La mayor parte de los tratamientos tienen efectos más pequeños y modestos. Esto no significa que los tratamientos con efectos modestos sean insignificantes, pero es raro que la evidencia sea tan contundente que no haya lugar a dudas acerca de si un tratamiento es efectivo o no. En vez de esto, es más probable que haya algo de incertidumbre acerca de cuan adecuadamente funciona un tratamiento o si podría hacer más daño que bien.

Por ejemplo, tomar aspirina…

 

La aspirina no es una cura para la enfermedad cardiaca, pero puede reducir la mortalidad temprana después de un infarto agudo al miocardio en un considerable 20%, si es administrada de manera oportuna al momento del diagnóstico. No obstante en algunos casos, tomar aspirina después de un infarto podría dañar más que beneficiar. Por ejemplo, tomar aspirina puede aumentar el riesgo de evento cerebral-vascular y de sangrado de tubo digestivo. Para un paciente con enfermedad cardiovascular de base, los beneficios de tomar aspirina probablemente sobrepasen dichos riesgos. Pero si el individuo no tiene una enfermedad cardiovascular de base, los riesgos asociados a tomar aspirina probablemente sobrepasen los beneficios. Esto resalta la importancia de ponderar los beneficios y riesgos de los tratamientos, y revela como los beneficios pueden diferir de persona a persona. (3).

En efecto, para cualquier tratamiento dado, es más probable que exista incertidumbre acerca de cuál tratamiento es mejor para cada paciente o sobre hasta qué punto el tratamiento funciona.  Entonces, ¿Qué deberían hacer los clínicos y pacientes  en estas circunstancias? Cuando dudamos acerca del efecto de un tratamiento, necesitamos referirnos a la mejor evidencia disponible.

Necesitamos hacer preguntas como: 

 

  • ¿Han habido comparaciones justas (imparciales) de los tratamientos?
  • ¿Hay ensayos clínicos grandes?
  • ¿Los participantes son representativos de la población? ¿Han sido asignados aleatoriamente a grupos de comparación de tratamiento?
  • ¿Hubo medición sin sesgo de los desenlaces o resultados del tratamiento?
  • ¿Hay análisis estadísticos apropiados y han sido llevados a cabo correctamente?

Reunir estos puntos a partir de un número de diferentes artículos de investigación ayuda a formar una revisión sistemática- que si está bien hecha, es una forma confiable de evitar conclusiones erróneas.  (3). De manera que, idealmente, cuando hay incertidumbre, deberíamos referirnos a cualquier revisión sistemática que exista. Pero, si aun existe duda después de referirnos a la revisión sistemática, o si esta no existe, los clínicos y pacientes deberían discutir esta duda, y las diferentes opciones de tratamiento, en forma conjunta. Cuando hay un vacio de evidencia, también es responsabilidad de los investigadores el tomar las medidas para reducir la incertidumbre mediante la realización de investigaciones bien diseñadas.

Como acabamos de ver, las dudas acerca de los efectos terapéuticos son comunes.

¿Entonces por que las declaraciones acerca de los tratamientos a veces son exageradas e infladas fuera de proporción por los medios? Bueno, en una población a la que se le ha inculcado preocupación y miedo, donde los reportajes declaran que una de cada dos personas tendrá cáncer (4) y muchas más serán afectadas por otras enfermedades, no es de maravillarse el encontrar que las expectativas que la población tiene de la ciencia y la medicina estén incrementando. Los medios de comunicación emotivamente consuelan y prometen grandes cosas, y “Grandes avances” y “Medicamentos milagro” salpican los titulares. (5). Pero en realidad, hay que reconocer que tales promesas son irreales y que el progreso científico es más lento.  

Por ejemplo, tras múltiples afirmaciones de que la cura para el cáncer está al alcance, aun hay una tremenda cantidad de investigación requerida para lograrlo. En los últimos 40 años, el extremadamente bajo índice de supervivencia para pacientes que padecen cáncer de páncreas  no ha cambiado. (6). Mucho está en juego cuando se publican resultados: financiamiento, carreras, negocios, tiempo. Los resultados positivos e innovadores son la meta, y estos pueden ser sesgados para ayudar a sugerir que las metas han sido alcanzadas. (7). Sin duda existe una necesidad de investigar profundamente a través de los reportes de los medios y anuncios de los servicios públicos para separar la ciencia que debería estar allí.

Definitivamente hay una necesidad de mayor honestidad  en el mundo médico. Publicar artículos que no son concluyentes o que arrojan resultados poco sorprendentes es fundamental para el desarrollo de la ciencia y nuestro entendimiento. Los cambios en la ciencia e investigación son graduales y requieren de un proceso de paso a paso. El VIH, por ejemplo, fue identificado por primera vez en los años 20’s y solo ahora en Octubre de 2016 ha sido creada una posible cura; un coctel de medicamentos, los cuales aun no entendemos por completo. (8). Estos cambios no son repentinos ni drásticos, sino que cada paso requiere un análisis confiable de los datos.

Por ahora, necesitamos ser críticos con lo que leemos…

 

Después de todo, no todos los tratamientos producen efectos dramáticos. Es mucho más probable que tengan efectos moderados, pequeño o triviales, y que necesitamos ser realistas acerca de esto y escépticos con las declaraciones de cualquier nuevo “medicamento milagro”.

 

Autor original: Emma Solyom.

Traductores: Sergio Jacob Sánchez Villaseca y Luz Angélica García Macías.

 

Referencias:

 

[1] http://www.healthnewsreview.org/toolkit/tips-for-understanding-studies/7-words-andmore-you-shouldnt-use-in-medical-news/

[2] http://www.testingtreatments.org/why-treatment-comparisons-are-essential/

[3] http://www.testingtreatments.org/why-treatment-comparisons-are-essential/

[4] http://www.cancerresearchuk.org/health-professional/cancer-statistics/risk/lifetime-risk

[5] http://scienceblog.cancerresearchuk.org/2012/10/04/science-fact-or-science-fictionmaking-sense-of-cancer-stories-in-the-media/

[6] http://www.cancerresearchuk.org/health-professional/cancer-statistics/statistics-bycancer-type/pancreatic-cancer/survival#heading-One

[7] http://scienceblog.cancerresearchuk.org/2012/10/04/science-fact-or-science-fictionmaking-sense-of-cancer-stories-in-the-media/

[8] http://www.bmj.com/content/345/bmj.e5265

[9] http://blogs.plos.org/absolutely-maybe/2013/07/31/nutrient-x-prevents-disease-sortingthe-wheat-from-the-bran/