Una cantidad saludable de escepticismo es importante cada vez que alguien hace una afirmación acerca de un tratamiento. Incluso este es el caso cuando el individuo que hace la afirmación es considerado un experto.

Necesitamos distinguir entre los individuos quienes son expertos porque toman en cuenta la mejor evidencia en investigación disponible y los individuos quienes afirman ser -o son considerados- expertos, pero no toman en cuenta la evidencia. De manera crucial, la opinión “experta” solo puede ser correcta si está basada en la mejor evidencia disponible.

La asistencia médica no debería basarse en el aprendizaje inconsciente “maestro-aprendiz”, donde las opiniones de los expertos son consideradas como dogmas. En lugar de ello, es necesario el pensamiento proactivo y crítico. Deberías cuestionar las afirmaciones hechas por expertos evaluando el razonamiento y la evidencia detrás de ellas.

Ahora echemos un vistazo a algunos ejemplos de por qué sólo podemos confiar en las opiniones de los expertos cuando estas han sido elaboradas con la mejor evidencia disponible…

Desde la fruta hasta la prevención de cirugías de rodilla innecesarias.

Una historia clásica que demuestra como los expertos pueden estar equivocados – y como solamente la investigación rigurosa puede proveer las bases de las afirmaciones acerca de tratamientos- proviene del año 1747. En aquel tiempo había incertidumbre sobre la mejor manera de tratar el escorbuto. La opinión “experta” variaba: algunas autoridades recomendaban usar vinagre, otros recomendaban ácido sulfúrico como tratamiento. Pero fue James Lind, un cirujano, quien resolvió esta duda utilizando un test imparcial. Cuidadosamente comparó 6 tratamientos y demostró que las frutas (limón y naranjas) eran más efectivas que los tratamientos alternativos respaldados por las autoridades de aquel entonces.

Aproximadamente 260 años después aún la cirugía no es tan diferente.

La meniscectomía parcial artroscópica (un tipo particular de cirugía de rodilla) ha sido uno de los tratamientos ortopédicos más comúnmente utilizados. La teoría (i.e. la explicación de cómo la intervención debería funcionar) y la eficacia percibida de este tratamiento han sido ampliamente aceptadas y adoptadas por los practicantes. De cualquier forma, recientemente los quipos de cirujanos han comenzado a dudar de la eficacia, hasta el punto de comparar el tratamiento con una cirugía simulada.

Posterior a un análisis comprensivo de toda la evidencia disponible, surgieron resultados sólidos y los escépticos estuvieron en lo correcto. En el mejor de los casos, los efectos relevantes promedio son pequeños, con implicaciones extremadamente importantes para los practicantes. Adoptar un abordaje terapéutico más conservador (no precipitándose a realizar la cirugía) podría no sólo ahorrar dinero, sino también prevenir que los pacientes sean sometidos a una cirugía que quizá no sea necesaria.

 

Por qué las opiniones de los expertos sobre efectos terapéuticos, por sí solas, podrían no ser confiables…

La idea fundamental de la práctica basada en la evidencia es que uno puede realizar el mejor trabajo en los servicios de salud buscando e integrando la mejor evidencia clínica, experiencia y las preferencias del paciente/cliente. Por sí solas, las opiniones de expertos no son una base suficientemente confiable para la práctica médica, tampoco para conocer los efectos de los tratamientos.

En pocas palabras, aquí hay tres ideas importantes:

1.    No se trata de quien declara que algo es verdadero, sino como juzga que ese algo es verdadero.

La fuente de una afirmación es irrelevante para su verosimilitud. Sólo el proceso de generación del conocimiento – a través de investigación rigurosa- tiene alguna “autoridad”. Se trata de entender la evidencia en la que se basa una afirmación, no solo aceptarla por su valor aparente.

Por ejemplo, ¿Por qué cualquier persona debería confiar que el universo tiene alrededor de 14 mil millones de años, en lugar de miles o billones de años? No deberías aceptar esta afirmación sólo porque se ha declarado que es cierta, más bien porque han llevado a cabo cálculos rigurosos para responder esta pregunta.

Entre más te informes sobre cómo una conclusión particular ha sido alcanzada, o porqué se ha hecho una aseveración, menos tendrás que “apostar” por las afirmaciones de otros.

2.    Los expertos pueden discrepar… ¿Entonces quién está en lo correcto?

Los médicos, investigadores, organizaciones de pacientes y otras autoridades frecuentemente discrepan en los efectos terapéuticos. Algunas diferencias de opinión y controversia en las políticas de tratamiento son difíciles de evitar (por ejemplo, en donde hay una falta de investigación de un tratamiento en particular o problema de salud). En todo caso, otras diferencias de opinión pueden deberse simplemente a que los investigadores, médicos, etc., no están tomando en cuenta revisiones sistemáticas de comparaciones imparciales de tratamientos.

Sin tomar en cuenta toda la evidencia disponible sobre un tratamiento en particular, son inevitables las diferencias en la opinión sobre los tratamientos más seguros y efectivos. Y, así como todos los demás, los expertos son propensos a sesgos y errores de razonamiento. Así que si los clínicos simplemente hacen lo que creen que es lo mejor, en vez de basar sus decisiones en toda la evidencia disponible, quizá no estén adoptando la mejor política de tratamiento, y la desviación de la mejor política actual de tratamiento puede ser dañina.

3.    No juzgues a un libro por su portada…

Hay pistas que pueden ayudar a predecir si los expertos (o cualquiera, en todo caso) podrían estar haciendo una afirmación confiable. Por ejemplo, podrías estar más inclinado a confiar en una afirmación si esta ha sido hecha por un individuo quien no tiene ningún conflicto de interés, por lo contrario, quizá serías más escéptico de una afirmación sobre un nuevo medicamento “milagro” si ves que la persona que hizo dicha afirmación tiene vínculos financieros con ¡La industria farmacéutica!

Sin embargo, no existe un sustituto real para una afirmación que está basada en una revisión sistemática de la evidencia. Así que no juzgues a un libro por su portada y asumas que un “experto” está en lo correcto sólo porque es considerado un “experto”. No confíes en opiniones de expertos sobre los efectos de tratamientos a menos que claramente hayan basado sus afirmaciones en evaluaciones sistemáticas imparciales.

  • Autor Original: Eero Teppo.
  • Traductor: Luz Angélica García Macías y Sergio Jacob Sánchez Villaseca.
Referencias
  • BBC, James Lind Library. ‘What the Industrial Revolution Did for Us: Modern Medicine’. URL: https://vimeo.com/15051229
  • Sihvonen et al. Arthroscopic Partial Meniscectomy versus Sham Surgery for a Degenerative Meniscal Tear. N Engl J Med 2013; 369:2515-2524. URL: http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa1305189#t=abstract
  • van de Graaf et al. Arthroscopic Partial Meniscectomy or Conservative Treatment for Nonobstructive Meniscal Tears: A Systematic Review and Meta-analysis of Randomized Controlled Trials. Arthroscopy 2016; 329:1855–1865. URL: http://www.arthroscopyjournal.org/article/S0749-8063(16)30323-1/abstract
  • Critical Thinking Society. Online Model for learning the Elements and Standards of Critical Thinking. 2007. URL: http://www.criticalthinking.org/ctmodel/logic-model1.html https://en.wikipedia.org/wiki/Groupthink
  • Blog original: https://www.students4bestevidence.net/expert-opinion-is-not-always-right/