La práctica de la medicina basada en la evidencia en el ámbito de la medicina interna ha cambiado, al igual que en otras especialidades, el quehacer del internista de manera favorable para todos los actores en el proceso de saludenfermedad de dicha disciplina.

Aunque no sin dificultades y vicisitudes  la importancia de la MBE en la formación del médico internista ha logrado permear cada vez de forma más contundente tanto en la currícula como en los pases de vista y la práctica misma, logrando posicionarse como materia de primordial interés para el internista contemporáneo; lejos de las campañas publicitarias de la industria de la salud, mercante lobo con piel de oveja que trata de influir en cada decisión del actuar médico.

Pareciera que la MBE hubiera nacido para estar junto a una de las especialidades en la que la capacidad de abstracción es una virtud preciada, ayudándole a aterrizar de forma objetiva con los datos con los que la  MBE trata.

En el origen la MBE nace en las críticas y demandas del Dr. Archie Cochrane sobre la pasiva actitud de la comunidad médica hasta entonces  en la toma de decisiones  basadas en estudios inapropiados ya sea en origen o ejecución (en el mejor de los casos), cuando no de la toma de decisiones basadas en relatorías o creencias no comprobadas y estudiadas de forma óptima. Esto no quiere decir que antes del nacimiento de la MBE los médicos tomaran decisiones arbitrarias o fuera de toda lógica, el surgimiento del paradigma de la MBE implicó poder tomar la mejor evidencia disponible y concluir cual era la mejor decisión sin dejar de lado la experiencia del clínico y siempre reflejando los valores y preferencias del paciente.

La consecuente resistencia al cambio de paradigma creó un movimiento de desprestigio y crítica a la MBE que aún se escucha en nuestras aulas y hospitales sobre si plantea un detrimento a la capacidad del médico a realizar intervenciones en base a su experiencia, lo cual es antagónico al espíritu contenido en la misma tríada de la MBE propuesta por el afable Dr. David Sacket, tríada que incluye la experiencia del clínico como parte fundamental del ejercicio de la MBE; “sin experiencia, de nada servirá la evidencia”.

Teniendo en cuenta que la medicina interna es una de las especialidades médicas con mayor cantidad de patologías en el repertorio de su plan de estudios, siendo el médico internista el hacedor de diagnósticos diferenciales por excelencia, la toma de la mejor decisión para cada uno de sus pacientes puede representar algún reto con cada vez mayor  cantidad de información de dudosa calidad, he allí una de las funciones básicas y fundamentales de este idilio borrascoso, la toma de la mejor decisión a través de la búsqueda de información médica especializada, habilidad necesaria para el internista sea cual sea la generación a la que pertenezca.

Aunque es una buena práctica el acudir a actualizaciones de temas en salud de forma periódica, pertenecer a una sociedad médica que facilite  dicho objetivo, estar subscrito a una revista de interés y buen prestigio o poner atención a los avances científicos que comenta el representante medico cuando acude al consultorio, es cierto que el internista que no puede realizar una buena búsqueda en internet, que no sabe utilizar los operadores boléanos (and, or, not) por poner un ejemplo, se está privando del acceso a la mejor evidencia disponible contenida en páginas web de sumarios y síntesis de la evidencia, se encuentra a años luz de información disponible en la computadora o teléfono celular de cualquier ciudadano de a pie.

Una vez sabiendo que ésta información existe y realizando una búsqueda específica para nuestro  problema en cuestión, el uso de la MBE ayudará al internista a confiar o desconfiar de la información obtenida, formar un criterio dentro del mar de información mal intencionada, deformada o simplemente no útil, para dar un juicio de valor a lo que se está exponiendo, siendo este juicio de valor en parte sentido común, pragmatismo o criterio en la práctica clínica y parte educación formal para poder interpretar un riesgo relativo una razón de momios o un intervalo de confianza  (RR 0.7, IC 0.36 – 1.27), solo por mencionar algunas herramientas.

Podríamos seguir citando más beneficios y cuestiones técnicas sobre el porqué de la importancia de la MBE sin embargo, el objetivo de señalar la relación de ambas es la de resaltar lo que la MBE abona a la especialidad, que más allá de la sistematización del pensamiento médico (que no tiene nada que ver con la percepción de un médico autómata) y de las nuevas habilidades necesarias se resume en una mejor atención al paciente.

El modelo de la MBE propone el empoderamiento del paciente como ente central de la atención en salud y de la medicina interna, en un mundo moderno lleno de enfermedades crónico-degenerativas y mayor expectativa de vida la toma de decisiones conjuntas y el cuidado por una mejor relación médico-paciente representa en última instancia el acmé de la práctica basada en evidencias.

Descifrar el crucigrama proveniente de la frialdad de los números de cada ensayo clínico aleatorizado y poder contrastar sus resultados a través del crisol particular de cada paciente, con nombre y mirada también particulares, es la razón de ser de ambas la MBE y la medicina interna, el cuidado de cada paciente. Citando al pie de la letra las palabras del doctor Víctor Montori “los clínicos necesitan tener los medios, trabajando junto con los pacientes, para entender qué es lo que está pasando con la biología de esta persona, y al mismo tiempo, lo que importa a la biografía de esta persona”.

Compartiendo el ideal y con características que se complementan, ésta relación llena de reciprocidad y generadora de vínculos fuertemente unidos nace y se rehace en cada paciente, lo que representa un reto al médico internista, el cuidarla y cultivarla a fin de poder ser llamado buen médico.